Los Ocho del Buen Trato

Buscamos un nombre para cada uno de  nuestros queridos personajes

¿Quiénes son Los Ocho del Buen Trato?

Desde las áridas tierras del norte hasta los gélidos paisajes del sur austral de Chile, Los Ocho del Buen Trato son un grupo de niños, niñas y adolescentes que han decidido hacer del respeto, la empatía y la solidaridad su bandera. Saben que el mundo puede ser un lugar más amable y justo si cada persona se compromete a tratar bien a los demás. Con sus diferentes talentos y habilidades, promueven el buen trato en sus comunidades, inspirando a otros a hacer lo mismo.

Su misión: Trabajar para que en cada escuela, barrio y familia, haya más respeto, comprensión y apoyo mutuo. A través de actividades comunitarias, campañas de sensibilización y su ejemplo diario, demuestran que el buen trato no es solo una idea, sino una forma de vivir.

Su lema:
"Trata a los demás como quieres ser tratado. El cambio comienza contigo."

Ellos saben que el buen trato tiene el poder de transformar el mundo, y están decididos a ser la chispa que encienda ese cambio.

¡Te invitamos a conocernos!

Cada uno de nosotros tiene cualidades especiales que nos hace únicos y complementarios entre nosotros. Y tú, con cuál de nosotros te identificas?

Yo Resuelvo Problemas

Uso mi mente lógica para encontrar soluciones a conflictos entre compañeros. Creo estrategias para que en el colegio todos puedan convivir con respeto y equidad. Ver más...

Buscamos nombre

Resumen concurso

Queremos que cada uno de nuestros personajes tenga el mejor nombre posible. Para esto necesitamos que todos los niños, niñas y adolescentes del país utilicen toda su creatividad. Además, te invitamos a adivinar la frase típica de cada uno de ellos.

Un buen consejo

Conoce bien a los personajes, busca en tu comunidad a amigos que te recuerden a alguno e imagínate qué nombres se adecuarían a ellos y por qué.

Cómo concursar

Envíanos un video caracterizado como uno de los personajes, presentándote con tu nuevo nombre y una forma creativa de dar a conocer su frase típica.

Soy el Arquitecto del Respeto

Hola, tengo 16 años y vivo en una ciudad que está al borde del desierto más árido del mundo y con la inmensidad del océano Pacífico a sus pies. Desde muy pequeño, creo que observo el mundo con una mirada distinta: cada sombra, cada forma y cada ángulo me cuentan una historia. El sol y el mar son elementos centrales en mi vida. Me gusta salir al amanecer, cuando los rayos dorados del sol revelan nuevos contornos en la geografía costera. Muchos de mis dibujos, maquetas y esculturas reflejan esa dualidad entre desierto y océano, entre luz y agua. El sol me enseña a leer las sombras, y el mar a entender las curvas, los reflejos y los movimientos orgánicos del espacio. Participo en el taller de artes visuales de mi liceo, pero también soy ajedrecista. En mis tiempos libres recorro los cerros y caletas en bicicleta, absorbiendo colores, texturas y formas para después poder ponerlas en mis cuadernos de bocetos o en modelos a escala que me encanta armar con materiales reciclados. Sueño con convertirme en arquitecto o diseñador urbano. Para mí los espacios no solo se construyen: se sienten, se respetan y se cuentan como parte de una historia más grande.

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Yo Protejo las Emociones

Hola, tengo 11 años y vivo en una ciudad donde el cielo es tan limpio que, por las noches, parece un libro abierto lleno de estrellas. Desde siempre que me interesan mucho las emociones, tanto las mías como las de los demás. Tengo el hábito de escribir en mi diario todas las noches. Escribo no solamente lo que me ha pasado en el día sino también cómo me he sentido y por qué reaccioné de una cierta manera. Gracias a esto he podido aprender a reconocer mis momentos de enojo, tristeza o alegría y a manejarlos con serenidad. Me gusta pasar el tiempo caminando por unos senderos cercanos a un río o sentarme en el patio de mi casa a observar cómo se mueven las hojas con el viento. Esos momentos me ayudan a pensar y a ordenar mi mundo. Me gusta leer libros sobre emociones, escribir poesía y cuentos, y practicar meditación que aprendí con mi abuela, quien me enseñó a respirar profundo cuando la mente se llena de ruido. Creo que también me resulta bien escuchar a los demás porque mis amistades me buscan cuando necesitan a alguien que las entienda sin juzgar. Una profesora me dijo una vez que yo pensaba con el corazón y actuaba con la cabeza, y eso me quedó dando vueltas. Me gustaría estudiar psicología o bien dedicarme a escribir. Para mí, la fuerza más importante no está en lo que se ve por fuera, sino en lo que uno entiende y cuida por dentro.

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Yo Resuelvo Problemas

Hola, tengo 14 años y vivo en una comuna con mucha gente, activa y diversa. Desde muy pequeña, los números y los patrones lógicos andan siempre dando vueltas por mi cabeza. No me acuerdo de haber aprendido a contar, pero si me acuerdo de que cuando chica me encantaba resolver rompecabezas y armar patrones con fichas de colores, buscando siempre una lógica detrás de cada juego. Ahora que soy más grande me fascina encontrar soluciones rápidas a problemas complejos, y disfrutar como nadie los desafíos que involucran razonamiento, lógica y estrategia. Participo en el taller de matemáticas de mi colegio, donde no solo resuelvo los ejercicios, sino que también a veces ayudo a otros compañeros a entender los pasos detrás de cada operación. Me gusta pensar en los problemas como acertijos, porque creo que cada uno esconde una clave esperando ser descubierta. Me apasiona la computación, los juegos de estrategia y los cubos Rubik, que colecciono en distintas formas y tamaños. Mi mente se activa especialmente en los espacios de concentración silenciosa, como la biblioteca del colegio o el escritorio de mi casa, donde puedo pasar horas con lápiz, papel y mi calculadora científica. Me gustan las matemáticas, pero no soy fome, soy alegre y sociable, tengo un agudo sentido del humor y una gran curiosidad. Sueño con convertirme en ingeniera para resolver problemas reales que mejoren la vida en la ciudad.

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Soy el Motor del Movimiento

Hola, tengo 4 años, mucha energía, y no me gusta estar quieto. Vivo en una ciudad grande, en una casa con patio que me gusta transformar en pista de salto, escenario de baile o circuito de obstáculos. Así puedo jugar a diferentes cosas en el mismo lugar. Me gusta expresarme con el cuerpo antes que con las palabras: cuando estoy feliz, lo demuestro bailando; cuando estoy nervioso, corro o salto para calmarme; y cuando me concentro, me la paso armando cosas, modelando con plasticina o construyendo torres con bloques. Me encanta trepar, girar, hacer equilibrio y probar nuevos movimientos. También me gusta mucho imitar coreografías, y cuando suena música, no puedo parar de bailar. Cuando algo me emociona hago gestos, movimientos y hasta pequeñas obras teatrales que invento con mis juguetes. Me fascina disfrazarme, usar mi cuerpo para contar historias y experimentar con texturas y objetos. Mi mamá dice que tengo una forma especial de entender el mundo: necesito tocar, moverme, probar y sentir con el cuerpo, y así he aprendido a regular mis emociones. También dice que el movimiento para mí no solo es juego: es lenguaje, es emoción y es una forma de pensar. Sueño con ser bombero, acróbata o maestro constructor —según el día— porque voy cambiando de opinión.

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Soy el Constructor de Puentes

Hola, tengo 15 años y vivo en una comuna con calles llenas de vida, ferias, plazas y conversaciones en cada esquina. Mi papá siempre dice que, desde muy pequeño, he tenido una habilidad especial: entender a las personas. No solo lo que dicen, sino lo que sienten, lo que callan, lo que necesitan incluso antes de que lo expresen. En el liceo, muchos me buscan cuando necesitan hablar. No importa si se trata de un problema familiar, un conflicto entre amigos o una simple necesidad de desahogo. Siempre trato de escuchar con atención, sin juzgar. A veces sé exactamente qué decir, pero he aprendido que otras veces es mejor no decir nada y simplemente estar ahí. Algunas veces incluso me ha tocado ser el mediador en discusiones entre mis compañeros. Participo en el centro de alumnos de mi liceo y en un programa municipal de jóvenes líderes, donde he aprendido mucho de organización, diálogo y empatía. Me gusta además participar en actividades sociales, visitas a hogares de adultos mayores y campañas solidarias, donde pueda conectarme y aprender de otras personas. En mi familia, soy el que siempre está más pendiente de cómo están los demás. Me encargo de animar a mi hermana menor cuando llega triste del colegio, o de acompañar a mi abuela al consultorio con cariño y paciencia. Mis vecinos dicen que tengo un corazón grande y me gusta que lo digan. Me interesa la psicología, el trabajo social y la comunicación. Me gustaría estudiar algo que me permita acompañar a otros en sus procesos, construir puentes entre personas y comunidades, y ser un agente de cambio desde el diálogo y la empatía. He aprendido que comprender a los demás es una forma de construir un mundo más humano. En un entorno lleno de ruido, yo prefiero escuchar.

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Soy la Voz de la Armonía

Hola, tengo 9 años y vivo en una ciudad muy cerca de campos, ríos y viejas casas con corredores largos que resuenan con los ecos del canto y la naturaleza. Mi abuelita me ha contado que desde que era muy pequeña, la música fue parte esencial de mi forma de vivir y sentir el mundo. Dice que antes de aprender a leer ya tarareaba melodías inventadas por mí, mientras ayudaba a mi mamá en la cocina o mientras caminaba por los senderos de tierra junto a mi abuelo. Debe ser cierto porque escucho una canción una sola vez y ya puedo repetirla, identifico instrumentos por su sonido y siento una conexión muy especial con el ritmo de la vida cotidiana. Desde los 6 años que toco guitarra y ahora estoy aprendiendo piano en una academia municipal. También canto en un pequeño coro infantil del colegio. Para mi, la música no es solo algo que suena: es una forma de expresarse, de consolarse, de alegrarse o de conectar con los demás. Mi lugar favorito es el jardín trasero de mi casa, donde muchas veces me siento con mi guitarra a componer canciones inspiradas en la lluvia, en los árboles que se mueven con el viento, o en las historias que me cuenta mi abuela. Me gustan las cuecas, las canciones de Violeta Parra, y también los ritmos modernos que escucho por la radio. Mi profesora dice que tengo un "alma musical", porque todo para mí es armonía: mi forma de hablar, de moverme y de relacionarme con los demás. Sueño con ser compositora, profesora de música o cantante, y usar mi voz para contar historias que emocionen y hagan pensar. Porque creo que la música está en todo: en la lluvia golpeando el techo, en el canto de los pájaros, en el ritmo de los pasos.

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Soy el Narrador de Historias

Hola, tengo 13 años y vivo en una ciudad donde la lluvia cae como si contara secretos antiguos y los ríos fluyen entre árboles verdes que parecen susurrar historias. Para mi, cada palabra es un mundo, cada frase una posibilidad de expresión, y cada conversación una oportunidad de conectar. Mi abuelo siempre dice que desde muy chico tenía algo con el lenguaje. Que a los cinco años ya preguntaba el significado de palabras complejas, y a los siete escribía pequeños cuentos en un cuaderno que siempre llevaba conmigo. En el colegio mis profesores pensaron que yo tenía facilidad para expresarme y me animaron a participar en concursos de cuentos, debates y talleres de literatura. Una muy buena amiga mía dice que tengo una sensibilidad especial para elegir las palabras adecuadas según el momento: que puedo escribir una carta que emociona hasta las lágrimas o contar una historia graciosa con tal ritmo y picardía que todos acaban riendo. Me apasiona la lectura —desde novelas hasta poesía mapuche— y siento un profundo respeto por las lenguas originarias y sus formas de narrar el mundo. Formo parte del taller de periodismo de mi colegio, donde redacto entrevistas, crónicas y columnas de opinión. Además, he empezado a experimentar con la escritura de microcuentos y poemas, inspirados en el paisajes, la historia de mi comunidad y los relatos que he escuchado de mi abuelo. Sueño con convertirme en escritor, periodista o guionista. Mi mayor deseo es contar historias que ayuden a otros a comprender el mundo desde distintas miradas, porque las palabras no son solo herramientas: son puentes, alas y raíces.

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Soy la Defensora del Planeta

Hola, tengo 6 años y vivo en una ciudad que es como un rincón mágico, donde el viento corre libre entre montañas, fiordos y glaciares. Mi papá siempre cuenta que desde muy pequeña, yo he tenido una conexión especial con la naturaleza, y que mientras otros niños jugaban con muñecas o autos, yo prefería recolectar piedritas de distintos colores, observar las aves del lugar o preguntarle a mi abuelo por el nombre de cada planta que encontrábamos en nuestros paseos. Me gusta mucho identificar especies de aves, reconocer las formas de las nubes y notar hasta los cambios más sutiles en el clima. A veces digo, “va a llover pronto, abuelita”, con solo mirar el cielo con atención. Me encanta salir a caminar por diferentes senderos y así tengo en mi casa una colección de hojas secas, conchitas, semillas y ramitas, que me gusta organizar con cuidado y cariño. Quiero cuidar a la Tierra porque es como una mamá gigante que nos da todo. Disfruto cuando hay actividades al aire libre: plantando, regando y observando cómo crecen las cosas. Además, me encanta dibujar animales, inventar cuentos sobre bosques escondidos y escuchar relatos sobre la vida antigua, cuando las personas vivían más cerca del agua y los animales. Sueño con ser guardaparques, bióloga o "exploradora de la Tierra”. La naturaleza no es solo un paisaje: es mi amiga, mi escuela y mi hogar.

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Soy MOTU, la Mascota Oficial

Especie: Monito del Monte (Dromiciops Gliroides)

MOTU nació en lo profundo de un bosque valdiviano, entre musgos, coigües y líquenes, en el sur de Chile. Desde pequeño, demostró ser muy especial: aunque era silencioso y pequeño, tenía una gran capacidad para escuchar, observar y conectar con todos los seres del bosque. A diferencia de otros animales que peleaban por comida o espacio, MOTU siempre buscaba soluciones pacíficas, compartía lo que tenía y ayudaba a los más pequeños a llegar a las ramas altas. Un día, mientras exploraba fuera del bosque, Motu escuchó a un grupo de niños hablando de respeto, solidaridad y amistad. Se acercó en silencio y se quedó escuchando. Esos niños eran Los Ocho del Buen Trato. Desde entonces, decidió acompañarlos en su misión, convirtiéndose en su mascota oficial, su símbolo de ternura, sabiduría natural y armonía. Aunque no habla con palabras, MOTU se comunica con gestos, sonidos suaves y miradas que lo dicen todo. Siempre está atento, moviéndose ágilmente entre mochilas, árboles y rincones donde acompaña al grupo en sus actividades.

Lema de MOTU: "El buen trato también se siente en lo que no se dice. Cuida, escucha y acompaña."

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